Dentro de la familia del PVC, dos procesos han desarrollado experiencias táctiles radicalmente diferentes: el proceso de vinilo y el proceso Sofubi. Ambos utilizan PVC como materia prima, pero siguen caminos distintos. El proceso de vinilo consiste en fundir polvo de PVC hasta convertirlo en líquido, inyectarlo en un molde y hornearlo a altas temperaturas para que se solidifique. La superficie resultante tiene una textura mate y esmerilada de primera calidad, como si el juguete estuviera cubierto con una "armadura de plástico" suave pero elástica: duradera y resistente a los impactos, especialmente adecuada para piezas de exhibición de gran tamaño. Sofubi (abreviatura japonesa de "vinilo suave"), por el contrario, se asemeja más a la alquimia. Al añadir plastificantes formulados con precisión a la resina de PVC y utilizar una máquina centrífuga para recubrir uniformemente las paredes internas del molde, el producto final posee un tacto increíblemente suave, como apretar un trozo de gelatina tibia, y suele presentar una cualidad semitranslúcida única, similar al ámbar, con colores que cambian bajo la luz. Esta jugabilidad táctil superior eleva a Sofubi más allá del ámbito de los simples juguetes producidos en masa, otorgándole un mayor valor para los coleccionistas.